Mi nombre es Jade
y trabajo como ejecutiva de ventas de una empresa inmobiliaria en una bella
ciudad del Norte de Chile. Hace casi un año inicié estudios superiores
tendientes a titularme en una carrera de alta demanda en el mercado del área
comercial. Alguien quiere estar orgulloso de mi, alguien muy especial quiere
que yo esté orgullosa de mi misma, avanzando segura por este camino que inicié
hace más de un año desde que le volví a ver; es por eso que estoy en permanente
régimen para mantenerme siempre delgada, vestirme con ropas exclusivas y bellas
que resalten mis tetas y culo, así cómo ascender en la empresa donde trabajo.
Mientras
pienso en todo esto me dirijo al cuarto de baño para relajarme y sumergirme en
la tina. Me afirmo el cabello con un coletero para no mojarlo, me saco la ropa
dejándola tirándola en el suelo y me quedo sólo con una diminuta tanga de color
beige. Enciendo unas velas aromáticas. La brisa cálida de la tarde es una
caricia que recorre mi cuerpo besando mi piel. Cierro los ojos y me quedo
quieta durante unos minutos sintiendo como la brisa me da un masaje
espectacular. Miro el reflejo de mi hermoso cuerpo en el espejo. Me gusta
observar ese cuerpo: soy más bien delgada y a mis 47 años tengo un culo aún
durísimo y levantado, unas tetas medianas con pezones rosados, suaves, tersos,
deseosos de ser besados por hombres o mujeres. Pero eso no es posible porque
ese cuerpo tiene dueño, un macho dominante, mi Amo, quien me ha permitido el
honor de transformarse en mi mentor, mi guía, a fin de educarme y enseñarme
todos los modales y artes amatorias que debe aprender y dominar una mujer para
transformarse en sumisa. No debiera ser nada difícil considerando que sólo
existen dos reglas que se deben obedecer, y que son:
a) la sumisa debe obedecer
rápidamente y sin reparos toda orden que emane del Amo.
b) en caso de dudas, la sumisa
debe cumplir con lo indicado en la letra a).
Es por ello
que he aprendido a preocuparme de mi cuerpo, manteniéndolo siempre atractivo,
esbelto y atlético, mi cabello muy cuidado y teñido rubio con mechas, mínimo maquillaje,
masajes afirmantes y reductivos semanales, y un depilado cuidadoso de mis zonas
íntimas. Mi concha en particular debe lucir un depilado láser total, debe estar
siempre tibia, húmeda, deseosa, dispuesta a atender la más mínima insinuación
suya. Ayer me dijo que la próxima semana debo buscar un especialista que me
anille los labios mayores para colocar una cadena de oro con candados que
impidan la penetración vaginal. Él sabe que desde hace un año ya controla mis
relaciones sexuales y mis orgasmos, pero quiere asegurarse que cualquier
persona que intente tener sexo conmigo comprenda que no tengo permiso, y que es
otra persona, no yo, quien controla mis relaciones sexuales y mis orgasmos. Me
sentí humillada cuando me sugirió lo que tenía que hacer –porque él no ordena-
e implica que una desconocida o desconocido me vea íntimamente y peor, entienda
la razón del pseudo cinturón de castidad; la sangre subió a mi rostro al tiempo
que un terrible ardor me llevó al límite del orgasmo.
Con el pasar
del tiempo he aprendido a anticiparme a los deseos de mi Amo. Por ejemplo, hace
un par de días me vestí con un portaligas negro, medias en el tono, zapatos
tacos aguja y nada más, salvo por el collar de sumisa en mi cuello, y me tomé
varias fotos eróticas con una cámara de alta resolución, en mi dormitorio, toda
ofrecida, toda una dama puta, de piernas abiertas frente a la cámara, dando una
perfecta visión en primer plano de mi rostro, mis tetas y mi coño desnudo, de
rodillas sobre la cama del cornudo de mi esposo. Cualquier persona que me
conozca y haya estado en mi casa podría perfectamente reconocer mi dormitorio.
Sé que a mi Amo eso le excita, le agrada que libremente me entregue, le ceda el
control, me ponga en sus manos, le de argumentos que me obliguen a obedecer, de
modo que sea él quien decida que foto mostrar, que vídeo mio publicar, que
acciones deba yo hacer y con quien, hombre o mujer. Por eso debo mostrarme
siempre muy insinuante, sensual, constantemente atenta a sus deseos porque debo
ser la mejor de sus sumisas, su puta fina, manifestando abiertamente y en todo
lugar el deseo ardiente que siente mi cuerpo por su hermosa verga. Mi boca
jamás ha despreciado su semen, me ha hecho adicta a ese exquisito manjar,
gustosa y golosa por saborear hasta la última gota del néctar del primer y
único hombre al que le he practicado sexo oral.
Al recordar
los intensos encuentros con mi Amo se me eriza la piel, mi vagina se humedece
más y más al punto que una gota cae de mi zona íntima y resbala por mis muslos.
“Pero que puta soy”, pienso. Me
introduzco un dedo dentro y la siento húmeda, caliente, palpitante. Siento
también mis pezones duros, erectos, sensibles. Estoy ansiosa de una buena
cogida. Llevo más de dos meses sin acabar, fiel a la rutina de masturbarme 3
veces en el día, al despertarme, en el trabajo y al llegar a casa, siempre sin
llegar al orgasmo porque lo tengo prohibido. Cada vez me masturbo más y más
ansiosamente, imaginando los tipos de situaciones morbosas que tendré que
enfrentar a futuro, permitiendo que me exhiban desnuda para que los machos a mi
alrededor me toquen, acaricien o castiguen a su libre albedrío, me penetren sin
preocuparse lo más mínimo por mi, sólo un objeto, un pedazo de carne al cual
usar y moldear a su antojo. A veces me imagino siendo castigada por una o dos
mujeres que se ríen y me someten a voluntad, me acarician, castigan y masturban
para recibir placer junto con dolor. Les suplico que me dejen tranquila,
implorando inútilmente entre sollozos que no sirven de nada más que para excitarlas
aún más, metiendo sus dedos y lenguas por todos mis agujeros, besándome y
obligándome a besarlas, a lamer sus tetas, chupar sus pezones erectos.
Arrodillada frente a ellas veo como me frotan sus sexos desnudos y húmedos en
mi cara, mientras tiemblo y sufro de asco de solo imaginar que me obliguen a
chupárselos, a lamérselos, sexos jóvenes de jóvenes dominantes que no se
apiadan de mí lo más mínimo. Siento mis pezones duros como piedras y mi concha
empapada y palpitante al contacto de mis tres dedos que entran y salen de ella
mientras mi dedo pulgar no da tregua frotando mi clítoris en círculos, estoy al
límite de lo impensable, un poco más y traspasaré el umbral prohibido, un poco
mas y llegaré al punto de no retorno, estoy tan caliente que mi mente se hace a
la idea, la acepta, la celebra, y me imagino dándoles placer a las dominantes
mirándolas fijamente a los ojos mientras mis labios se juntan con los suyos y
mi lengua penetra esas conchas jóvenes y aromáticas, vencida, ya no pienso,
sólo me concentro en saborear esas vulvas, en darles placer, en pertenecerles,
en hacerlas sentirse mis Amas…. mi Amo, mi Amo…No! No puedo acabar! No quiero!
Y retiro mi mano empapada y las dominantes se desvanecen en mi mente. Justo a
tiempo, pienso, y me desmorono en la fría cerámica del baño.
Me quito el
tanga y entro a la tina de baño; siento la suave y olorosa espuma. ¡qué relajante! mis dedos
suavemente ahora acarician mi vulva, estoy muy caliente, abro mis labios
vaginales y me penetra la cálida agua, mi clítoris está duro y levantado, mis
dedos se dedican a jugar, a entrar y salir, a acariciarme y pellizcarme los
labios y el clítoris, oh Dios que caliente estoy, ya a punto de estallar de
nuevo…comienzo a gemir por los ricos espasmos, al introducir más mis dedos:
uno, dos, tres ...mmmmm ricooo!!!
Ahhhh..siiiiiiasiiiii mmMMmM siiii asiiii!!! Cógete a tu perra fiel
Amoooo!!!...Tu perra quiere una verga…tu verga...pienso, imaginándome en la
presencia de mi Amo, Así!! Ya casi!!! Estoy que exploto!!!...pero me detengo de
nuevo…soy obediente, no debo correrme, no sin una orden del Amo. La frustración
me embarga, me estresa, oh, cómo quiero verga! Haría lo que fuera por que me
poseyera!
Poco a poco la
frustración se disipa y logro relajarme sin pensar en nada, hasta que suena el
maldito teléfono


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